El 14 de Febrero de 1996 el etarra Jon Bienzobas Arretxe, alias Karaka, salió de uno de los despachos de la Universidad Autónoma gritando “¡si me miráis, os mato!” a la decena de estudiantes que deambulaba por los pasillos. Sobre las diez y media de la mañana habían escuchado “tres detonaciones secas”. Bienzobas acababa de asesinar a Francisco Tomás y Valiente en su despacho mientras hablaba por teléfono con el profesor Elías Díaz. Éste pudo escuchar en directo, desde el otro lado de la línea telefónica, los disparos que acabaron con la vida de Francisco. Esa advertencia a los estudiantes no le valdría de nada, pues hasta veinte testigos reconocieron al pistolero de ETA y cinco estudiantes testificarían en el juicio en 2007.
[...]

Francisco Tomás y Valiente
Tomás y Valiente vio claramente a su asesino. Su despacho, de apenas 10 metros cuadrados y con sólo una puerta, no ofrece posibilidades de huida. El catedrático, atrapado detrás de la mesa y con el auricular en la mano, se vio sorprendido por el etarra, de quien recibió tres tiros a bocajarro, al menos uno de ellos en la cara.
[...]
En el décimo aniversario de su asesinato, 14 de febrero de 2006 su hijo Quico Tomás y Valiente Lanuza, dijo delante del presidente Zapatero: “Mi padre nunca hubiera aceptado en silencio cualquier pacto con quien no ha sido capaz de condenar la violencia”.
Francisco Tomás y Valiente jurista, historiador y escritor, nació en Valencia en 1932, por lo que tenía 64 años cuando fue asesinado. Estaba casado y era padre de cuatro hijos. Era catedrático de Historia del Derecho y miembro del Consejo de Estado y de la Real Academia de la Historia. Licenciado por la Universidad de Valencia en 1955, donde comenzó su carrera como docente e investigador. En 1964 se trasladó a la Universidad de Salamanca, donde ocho años después pasó a integrar el Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, y en 1980 se incorporó a la Universidad Autónoma de Madrid. En el 80 también fue designado magistrado del Tribunal Constitucional por las Cortes Generales a propuesta del PSOE, puesto que renovó en el año 1983. Dos años después fue nombrado Académico de Número de la Real Academia de la Historia. Su carrera culminó en 1986 cuando fue elegido presidente del Tribunal Constitucional y en 1989 volvió a ser escogido para este cargo. Tras la terminación de su mandato en 1992 retornó a la Universidad madrileña como Catedrático de Historia del Derecho. En 1995, poco antes de ser asesinado, fue nombrado miembro permanente del Consejo de Estado, el mismo año en que fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca.
Fuente: In Memoriam


