El 19 de Febrero de 1992 fallecen víctimas de la explosión de un coche bomba en el barrio obrero de La Albericia de Santander Julia Ríos Rioz, su marido Eutimio Gómez Gómez y el estudiante Antonio Ricondo Somoza.
Las fuerzas de seguridad de Cantabria se encontraban desde hacía algunos días en estado de alerta en previsión de atentados de la banda terrorista. A Eutimio, Julia y Antonio les alcanzó de lleno la explosión, a las 20:10 horas, del coche bomba activado a distancia al paso de una patrulla de la Policía Nacional que se dirigía al cuartel situado a unos 300 metros.
Además de las tres víctimas mortales, resultaron gravemente heridos los dos agentes que viajaban en el furgón: Benito Sáiz Corral, de 50 años, que fue ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Marqués de Valdecilla con fracturas múltiples en las extremidades y heridas en cara y cuerpo, y Francisco Vega Cumplido, de 40, intervenido quirúrgicamente de hundimiento craneal. Otras dieciocho personas sufrieron lesiones de diferente consideración, de las que siete fueron dadas de alta a primera hora de la tarde.
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Eutimio Gómez Gómez, 43 años, calefactor del hospital Marqués de Valdecilla, situado cerca de donde tuvo lugar la explosión, y su mujer, Julia Ríos Rioz, de 41 años y panadera de profesión, iban a montarse en su coche cuando les sorprendió la explosión. Ambos fallecieron en el acto.
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Antonio Ricondo Somoza, tenía 28 años y había terminado su carrera de Químicas. Tenía todo preparado para casarse el 27 de junio de ese año con Ana Mirem Castro Ugalde. El día del atentado, viajaba en su vehículo en sentido contrario al de la furgoneta policial. La onda expansiva le causó daños tan graves que se le dio por muerto en el acto, pero después se supo que se encontraba en coma terminal con pérdida de masa encefálica. Su familia autorizó que se le mantuviese artificialmente con vida para poder extraer sus órganos: todos fueron donados a otras personas, menos una córnea que quedó dañada por la metralla. Pedro Ricondo, padre de Antonio, contó a La Razón en 2005 que “una mujer vasca vive con su corazón”.
Fuente: In Memoriam


